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22 Enero 2021

La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China está lejos de concluir

tiktok

Óscar Jaramillo C.
Boletín Observatorio Internacional
No. 52 / Enero-febrero 2021
Facultad de Humanidades y Comunicaciones
Universidad Finis Terrae

“La administración Biden-Harris agradecería consultas tempranas con nuestros socios europeos sobre nuestras preocupaciones comunes respecto de las prácticas económicas de China”, afirmó en Twitter Jack Sullivan, quien se espera que sea el Asesor de Seguridad Nacional del presidente Joe Biden.

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Distintos medios de comunicación tecnológicos y de carácter nacional de Estados Unidos, estiman que la administración Biden tendrá un cambio de forma, pero no de fondo, en su relación con los gigantes tecnológicos chinos.
De hecho, Meng Wanzhou, hija del fundador de Huawei y directora financiera de la empresa, aún se encuentra bajo libertad condicional en Canadá a la espera de ser extraditada a Estados Unidos, ya que se la acusa de haber ocultado los vínculos que el segundo fabricante de teléfonos inteligentes a nivel mundial tiene con el gobierno de Irán.
Para entender la guerra de carácter tecnológico que Trump comenzó en contra de China, hay que repasar dos capítulos esenciales: Tik Tok y la definición del estándar de la red 5G. Bajo el pretexto de que Tik Tok espiaba a los usuarios norteamericanos y esa información iba a parar al gobierno chino, obligó a la red social a vender parte de su propiedad a la empresa tecnológica estadounidense Oracle.


En los entornos digitales nada es gratis. La moneda de cambio es la información personal (Harari, 2018). El negocio de redes sociales que no cobran por su uso está en recopilar información personal de sus usuarios, procesarla a través del “big data” y venderla con fines publicitarios o comerciales. Sin embargo, tal como lo denunció Edward Snowden en 2013, toda esa información recopilada por los gigantes tecnológicos estadounidenses va a dar manos del gobierno estadounidense, bajo el pretexto de la seguridad nacional (The Washington Post, 2013).
Bajo la lógica de Snowden, la tesis de Trump de que toda la información recolectada por Tik Tok de usuarios estadounidenses es enviada al gobierno chino, es totalmente plausible. Pero para comprender la situación es necesario detenerse brevemente en el “big data”.
Todo teléfono inteligente recopila información de su ubicación y del uso que se le da. Es decir, qué música se escucha, qué videos se ven, cuáles son las noticias leídas, así como qué y a quién se envían mensajes de texto. A ello hay que sumar que a través del uso de los asistentes virtuales (Siri, por ejemplo) se registran conversaciones cotidianas y se recaban datos de la personalidad del usuario.


Toda esta información se recopila para anticiparse a las decisiones tomadas por las personas y de esa manera ofrecerle productos que necesita (o cree necesitar). De esa manera Facebook sabe que usted quiere cambiar su auto, por lo que le ofrecerá publicidad de últimos modelos. Junto con ello, el algoritmo favorecerá el despliegue de información relacionada con autos y en especial, de aquellas marcas que encajen con su estilo de vida, ya que eso es algo que la red social conoce mejor que nadie.


La red 5G lleva la recopilación de información personal a otro nivel, ya que conecta a internet todos los aparatos domésticos. Si en la actualidad el “big data” se enriquece con la información recopilada por el teléfono inteligente, con la red 5G se incluirían el televisor, el refrigerador, la aspiradora robótica, la lavadora y las lámparas, entre otros. En fin, todos los aparatos domésticos.

joe biden

“El código es ley”
De acuerdo a Lessig (2006), dentro de los entornos digitales quien define el código, tiene un poder que va más allá de lo que cualquier legislador nunca pudo imaginar. A diferencia de una ley, que define cuáles son las acciones que van a ser castigadas con cualquier tipo de sanción, el código (software) determina qué se puede hacer y qué no. A ello hay que sumar que la ley es transparente y el código es opaco. La ley es conocida por todos, mientras que el código, no. De hecho, uno de los secretos industriales mejor guardados es el real funcionamiento del algoritmo de Facebook, que despliega noticias dentro del muro de los usuarios. Asimismo, EFF (Electronic Frontier Foundation) siempre ha sospechado que Windows tiene una puerta trasera que le permite al gobierno de Estados Unidos tomar el control remoto de todas las máquinas que funcionan con dicho sistema operativo. Quien defina el código que la red 5G va a usar como lenguaje, tendrá una posición de poder nunca antes vista. Cabe recordar que el objetivo básico de la red 5G es que los aparatos inteligentes puedan conversar entre sí, para llevar a cabo sus funciones. Uno de ejemplos más clásicos es la reducción de los accidentes de tránsito a través del uso de la inteligencia artificial y la red 5G. Para evitar choques, la forma más sencilla es que los autos puedan conversar entre sí y con los semáforos para ponerse de acuerdo con respecto a las preferencias de paso y de esa manera evitar colisiones. Pero para que los dispositivos inteligentes puedan conversar entre sí, necesitan un lenguaje común, que sea de carácter universal. De lo contrario, una “Torre de Babel digital” produciría un verdadero caos y se traduciría en la inoperancia de la red 5G. Quien defina el estándar de la red 5G será el dueño del lenguaje (código), lo que permitirá definir qué se puede hacer y que no. Por lo mismo, podrá recopilar toda la información que desee y comunicarla a quien estime conveniente, sin siquiera que el resto se entere de ello. Por eso es muy poco probable que la administración Biden le ponga fin a la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China. Lo más probable es que cambie el tono o el estilo, pero que el fondo siga siendo el mismo: una posición de poder nunca antes visto en un mundo post-pandémico.

Óscar Jaramillo Castro (PhD).
Doctor en Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid.
Académico investigador, Escuela de Periodismo, Universidad Finis Terrae.